Los trastornos de alimentación han existido siempre y hay descripciones de ellos en muchos relatos de la Historia. Hace ya más de 20 años, se describieron ciertas conductas como síndrome, cuadro mórbido o enfermedad, por las consecuencias dolorosas y destructivas que tienen, tanto para quienes la sufren como para sus familias.
El origen del síndrome en estos trastornos del comportamiento alimentario está relacionado con la biografía personal, el contexto familiar, los acontecimientos vitales y las presiones socioculturales. Estos trastornos están aumentando en los últimos años de una manera alarmante, especialmente entre las jóvenes con edad comprendida entre 15 y 24 años. La delgadez, se ha convertido en el ideal de belleza, la aspiración suprema para resultar atractivo o atractiva, obtener ciertos objetivos y emular a algunos personajes.
La preocupación por el aspecto físico puede llegar a convertirse en una obsesión, una manía que gobierna
la vida personal y social: ejercicio, dietas, masajes, cremas para adelgazar, consultas a especialistas,
conversaciones monográficas…
Dicha confusión social está fomentando la aparición de los trastornos de alimentación que generan graves
repercusiones. Se trata de enfermedades que conllevan un tratamiento largo, que en muchos casos se convierte en enfermedades crónicas y que, incluso, pueden dar lugar a la muerte.
Los trastornos de alimentación afectan principalmente a las mujeres, pues son pocos los casos entre varones.
Esta diferencia entre sexos se debe a una distinta socialización de las mujeres y los hombres, especialmente
en lo relacionado con su imagen corporal. Las mujeres aprenden desde niñas que lo más importante es gustar a los demás, ser guapas y atractivas.
Muchas consideran la “belleza” como su atributo más valioso y basan su autoestima en aspectos estéticos de su cuerpo, en lugar de tener en cuenta su inteligencia, habilidades o aptitudes psicológicas. Cuidar el cuerpo se ha confundido con perder kilos. El cuerpo flaco es el modelo que se quiere imitar y cualquier aumento de peso es considerado una catástrofe perjudicial para la salud, algo así como una falta, cuyo castigo se paga en el gimnasio.
Cuando se tiene este tipo de trastorno, la persona se ve a sí mismo con sobrepeso aunque esté peligrosamente delgado o en un peso normal. El proceso de comer se vuelve una obsesión. Usted desarrolla hábitos inusuales de alimentación, como evitar alimentos y comidas, elegir unos cuantos alimentos y comerlos en pequeñas cantidades, o pesar y racionar cuidadosamente la comida. Usted podría revisar repetidamente su peso corporal y participar en otras técnicas para controlar su peso, como ejercicio o purgas intensas y compulsivas. La purga se puede llevar a cabo al vomitar o al abusar de laxantes, enemas, y diuréticos.
Así mismo se presentan episodios de atracones en exceso son seguidos por purgas o ejercicio. Por lo tanto, se podría pesar dentro del rango normal para su edad y estatura, pero se la persona se siente intensamente decepcionado con su cuerpo. La persona también podría comer compulsivamente y purgarse en privado, sentir repugnancia y vergüenza cuando come compulsivamente, aunque siente alivio una vez que se purga.
Lo mas importante es reconocer que se tiene un problema, ya sea por interveción de la familia, amigos, o por cuenta propia al darnos cuenta que estamos fuera de control. Y no solo aceptarlo sino estar dispuestos a recibir ayuda.
Textos extraidos de: es.salut.conecta.it, HALIFAX HEALTH.

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